La definición de política más moderna y actualizada entiende a esta como la actividad que rompe la configuración existente para reclamar un espacio allí donde no se otorgaba ni espacio ni atención. Rancière lo llama el reclamo por “la parte de los que no tienen parte”. Ejemplificando:
La actividad política es la que desplaza a un cuerpo del lugar que le estaba asignado o cambia el destino de un lugar; hace ver lo que no tenía razón para ser visto, hace escuchar un discurso allí donde solo el ruido tenía lugar, hace escuchar como discurso lo que no era escuchado más que como ruido. Puede ser la actividad de los plebeyos de Ballanche que hacen uso de una palabra que “no tienen”. Puede ser la de los obreros del siglo XIX que ponen en razones colectivas relaciones de trabajo que no competen sino a una infinidad de relaciones individuales privadas. O también la de esos manifestantes o constructores de barricadas que literalizan como “espacio público” las vías de comunicación urbanas. (Ranciere, 2007)
Cualquier respuesta a negar una barricada (o una manifestación), precisamente en pos del “orden social”, será igual que decir: “ustedes no tienen parte en esto (y las vías de comunicación de la ciudad son más importantes que ustedes)”.
